
Todo empezó con la aplicación para la beca Fulbright. La cual fue obtenida luego de un arduo proceso de selección, que incluyó entrevistas, exámenes, cursos de idioma, revisión de credenciales; en fin... mucho papeleo y sobre paciencia.
Al final, un buen dia llegó la llamada telefónica, llegaron las cartas, las visas y el dia de partir.
Entonces empezó una nueva etapa en nuestras vidas. Porque ya no estaba solo. Me acompañan en esta jornada mi esposa Anita y mi primogénito Joaquín; quien llena de luz todas las madrugadas y se vuelve la razón para seguir cuando el ánimo falta.

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